Redes sociales y salud mental
Redes sociales y salud mental
Lo más común que nos puede suceder en estos tiempos que vivimos, es que en cuanto despertamos, lo primero que hacemos es revisar nuestras redes sociales en nuestro smartphone. Es común incluso, que si estás en una charla animada y se te ocurre mencionar que quisieras, por ejemplo, cambiarte de casa, te escuchen y contesten Google, Siri o Alexa dándote opciones, o que cuando abras Facebook, de forma "casual", te aparezcan anuncios al respecto. Hace unos días soñaba que escuchaba y veía tocar su batería a Stewart Copeland (quien fue baterista de The Police). Cuando desperté y abrí mi Facebook, había un post de Stewart Copeland. En primera instancia, podría haber mencionado, ¿cómo se metió Facebook en mi sueño?, ¿o hablé dormido y me escuchó el celular? Yo creo que simplemente fue al revés la historia, días antes yo comencé a seguir el sitio público de este baterista, y de alguna manera se convirtió en un sueño y una coincidencia que fuera lo primero que haya visto al abrir Facebook.
Pero esta anécdota me da espacio para hablar de una pandemia invisible, la de la adicción a las redes sociales, de la cuál somos víctimas niños y adultos y que desde mi ángulo es toda una pandemia de la cuál, la gran mayoría podríamos estar infectados. Con base en los datos de la encuesta sobre Hábitos de los usuarios del internet, en su versión 2023, desarrollada por la Asociación del Internet, podemos ver información fundamental para entender el fenómeno:
Cuadro 1. Usuarios de internet en México 2023
Como lo indica el cuadro 1, el número total de usuarios en México ha crecido hasta alcanzar un 96.87 millones de internautas, que equivale a un 80.8% de la población mayor de 6 años de edad. Es probable que el casi el 19.2% que aún no se conecta, con base en este estudio, provenga de grupos sociales con brecha digital por pobreza, pero también de población adulta mayor que ya no está interesada y/o se siente relegada por las tecnologías, o incluso de grupos que, en menor tamaño, pero por conclusiones propias, han decidido auto excluirse de internet.
Si bien, cada año, el número de personas conectadas crece, nos obliga a pensar si la brecha digital de que hemos hablado continuamente, ya no exista, o sea, cada vez más pequeña. Lo que en realidad sucede, es que adquiere nuevas formas, que pueden ser: 1. Por falta de calidad en el acceso, que se traduce en equipos antiguos con poca capacidad; 2. Falta de adecuada conectividad a internet; 3. Usos de las tecnologías más bien pasivos, como sólo escuchar música, en vez de crearla, vivir en las redes sociales, pero no saber otros usos de las TIC (algo muy común entre población joven), etcétera.

Cuadro 2. Redes sociales en las que los usuarios tienen una cuenta activa.
Con relación al uso de redes sociales, podemos ver en esta gráfica que de esos 96.87 millones de personas que están conectadas a internet, un 95.6% de ellas usa regularmente Whats app, el servicio de mensajería que es usado masivamente por todo mundo. Tan así, que el uso de correo electrónico ha decaído dramáticamente, lo cuál no significa que Whats app sea más eficiente para todos los usos que le damos, que otras herramientas, incluido el correo electrónico, pero la convención de transmitir archivos, imágenes, crear grupos, ha hecho de esta la herramienta campeona hoy en día. Le siguen Facebook e Instagram, lo que asegura a una sola compañía (Meta), el control en las redes sociales a las que accedemos las personas, ya que tiene el control de estas tres plataformas. Después aparece Youtube, de Google, Twitter (X) de Elon Musk, la china Tik Tok, Telegram y Pinterest. Pero por los números, podemos tener la seguridad de que estamos conectados de forma ininterrumpida con las redes sociales. A esto habría que segmentar por grupos de edad el acceso a redes sociales, donde más allá de Whats app, que intuyo que todos los grupos sociales la usan por igual, las demás se han ido enfocando a grupos sociales más específicos. Existen también plataformas que son competencia a Whats app, como Telegram o Signal, pero ciertamente tienden a ser marginales, al menos para el caso de México (En Estados Unidos la herramienta de Mensajería de Facebook es más popular que Whats app). Pero Facebook, se ha convertido en la red por excelencia para personas de mayor edad; los jóvenes prefieren Instagram o Tik Tok; para discusiones políticas y de todo tipo está Twitter (hoy X), y Linkedin para el sector profesional y de negocios.
¿Y dónde están las adicciones a las redes sociales?
En la película "La red social" que habla del nacimiento de Facebook, se ve al actor Justin Timberlake quien interpreta a Sean Parker, dueño de Napster, la primera red social que existió para descargar música gratuitamente, y que en un diálogo con una mujer con la que había pasado la noche, ella le menciona de una red llamada The Facebook, y se refería a ella, como muy adictiva. Y bueno, ¿a qué se refiere con la adicción?, vamos con el Dr. Skinner, padre del conductismo y quien por allá de los años 20 del siglo XX, realizó una serie de experimentos a los que llamó "condicionamiento operante", que es un derivado de los experimentos que sobre el condicionamiento hizo el Dr. Pavlov.
En su experimento, el Dr. Skinner:
1. Colocó a una paloma en una jaula que contenía una palanca, la cual al ser accionada, le entregaba una semilla. Cada vez que sucedía esto, le entregaba la semilla. Con el tiempo, la paloma sólo accionaba la palanca cuando tenía hambre, porque tenía la seguridad de la abundancia de semillas por accionar la palanca;
2. Otra paloma, cuando accionaba la palanca, no pasaba, nada. Con el tiempo la misma dejó de accionar la palanca;
3. La última paloma, cuando accionaba la palanca, unas veces entregaba la semilla, y otras no, pero el hecho de que pudiera entregar semillas, hacía que la paloma, continuamente accionara la palanca, como las personas que están en Las Vegas en las máquinas traga monedas, esperando el premio.
Este experimento se aplica perfectamente al uso de las redes sociales, el estímulo que todos recibimos es en forma de "Me gusta", de comentarios. Esto es, de popularidad. Hace que insistamos en obtener muestras de aprobación de las personas que pasan por la red. Y entre más insistimos, más buscamos estos estímulos. Y poca es la gente que escapa a esto. Asimismo, vivimos en otro fenómeno que se conoce como FOMO (Fear of missing out), o miedo a perderse de algo, lo que nos mantiene pegados al celular. No hay más que ver en el transporte público, como las personas que antes, tenían que ubicar su mirada en anuncios o al infinito para no cruzar miradas con desconocidos, ahora se encierran en el dispositivo.
¿Y todo esto, qué efectos tiene?
En diversos estudios, se ha encontrado que los índices de coeficiente intelectual (del que ya hemos cuestionado su validez. Sin embargo, para efectos comparativos, puede ser importante), se han estancado en los últimos 25 años. De acuerdo a un estudio hecho en Suecia, que mide en lo que es llamado el efecto Flynn, el crecimiento del cociente intelectual año con año, pero que han encontrado lo que comienza a llamarse el Flynn inverso, esto es, el estancamiento en el crecimiento del cociente intelectual. Al igual que otro estudio hecho en Noruega por el Centro de Investigación económica Ragnar Frisch, que asegura que entre 1975 y la actualidad el índice del cociente intelectual ha caído. Esto no quiere decir que los jóvenes de hoy en día tengan deficiencias genéticas o algo por el estilo. Sugiere mas bien, que hay factores en el medio ambiente que están incidiendo en ello. Sin que tengamos una prueba para afirmarlo, yo me atrevo a lanzar como hipótesis que el desarrollo de las nuevas tecnologías, que por un lado facilita las cosas, como el hecho de ya no tener qué memorizar muchos datos, o con la llegada de la inteligencia artificial, ya no tendremos qué quebrarnos la cabeza para redactar un texto, va haciendo a nuestra mente más ociosa. Un hecho indubitable es que la gente lee menos (y en México debería ser algo no tan trágico, porque pareciera que nadie lee), pero con las redes sociales, nos llenamos (como diría Cristóbal Cobo), de ruido innecesario. Queremos información al instante, a la cual sólo le dedicamos un instante y no profundizamos. Hagan un experimento: cuando alguien coloque un mensaje triste, como el aviso de un familiar que falleció, y que ustedes probablemente le dediquen un par de palabras y una carita triste. Pero lo siguiente que harán es ver un meme, que les dará risa, y a continuación una mención política a la que contestarán con furor. Tres cosas absolutamente disociadas y donde la muerte de una persona sólo puede significar un momento de nuestra atención. Esa adicción tan narcisista, tiene que tener un freno, ¿pero cuál?
¿Y qué hacer entonces?
No es un asunto pequeño del que hablamos. En resumen, la gran mayoría de personas en México y en el planeta enfrentamos una adicción de proporciones pandémicas. ¿Y qué hacer entonces?:
1. ¿Prohibir el uso de dispositivos electrónicos, como se ha hecho en Suecia? Yo pienso, como ya lo he dicho antes, que negar el avance de la tecnología no tiene sentido. La tecnología no es buena, ni mala, lo que no tiene es remedio.
2 ¿Cambiar nuestros hábitos en la educación? Ciertamente, y acompañados de las tecnologías, se pueden lograr cosas fantásticas. Eso rompería un paradigma: el de ser simples consumidores, al hecho de producir. ¿Pero porqué no sucede eso? Es sencillo, porque las tecnologías nos ofrecen comodidad sin tener que hacer grandes esfuerzos. Y el hecho de usar las tecnologías para cambiar la función de nuestros docentes y estudiantes a productores, requiere mucho esfuerzo, los resultados no son inmediatos, amén muchos obstáculos en el proceso que nos empujan a renunciar y a regresar a la zona de confort. Un ejemplo es lo que señalan en el Marco Curricular Común de la Educación Media Superior (MCCEMS), cuando hablan de lo que ahora se conoce como Conciencia Histórica, que en el pasado el aprendizaje de la Historia se basaba en la memorización. Sin embargo, yo he escuchado eso....¡¡¡desde que yo era estudiante!!! Entonces, ¿qué pasa? Pues que en mi opinión, el docente regresa a su área de confort, porque es más fácil exigir el que se aprendan datos. No es un tema de si la memorización es buena o mala. Depende en qué la usemos, porque como ya hemos visto, parte de lo que puede significar pérdida de capacidad cognitiva, tenga qué ver con el confort que nos dan las redes sociales.
En resumen, la solución es fácil de enunciar, pero difícil de implementar. requerimos producir los seres humanos, más allá de las máquinas, pero no sin ellas. No se trata sólo de crear instrucciones para la inteligencia artificial (prompts). Se trata de encontrar el rol que debemos de jugar con la tecnología a nuestro servicio, y no al revés. Y para ello, es fundamental que impulsemos una política de esfuerzo, donde la indagación para los estudiantes sea el motor del crecimiento de nuestra especie.
¿Entonces, son malas las redes sociales?
No lo creo así. Pienso que son muy útiles para incidir en la intercomunicación y son herramientas que antes no existían y que han cerrado muchas barreras de comunicación y han creado otras nuevas y variadas formas de encontrarnos. La pregunta creo que debemos hacer es, ¿para qué uso las redes sociales?, y contestar otra interrogante: ¿uso las redes sociales o ellas me usan a mí? Porque uno de los lados negativos tremendamente perjudicial es nuestra adicción a ellas, que deviene hoy en día en una pandemia que nos vuelve mucho más dependientes, como esos gorditos en la nave espacial de la película Wall-e.


Creo que el conocer el manejo de redes sociales debe ser medido y utilizado moderadamente ya que si no se conocen los peligros, se puede caer en altos riesgos, sin embargo la gran ventaja es la comunicación inmediata dependiendo el enfoque que desees darle.
ResponderBorrarEl uso de las redes sociales debe ser regulado, más en el campo educativo, si se quiere tener un buen servicio de comunicación, debemos ver la calidad de ella para generar aprendizaje, pensamiento critico, reflexión.
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