Elijo que otros elijan por mí, o lo que es lo mismo, hasta que el destino me alcance

Cobo, Cristóbal. Acepto los términos
Acabo de terminar un libro que anuncia que la luna de miel con internet ha terminado. Su autor, el chileno Cristóbal Cobo, a quien tengo el gusto de conocerlo cuando era investigador de la sede mexicana de FLACSO. Y lo seguí a su paso en Uruguay por Plan Ceibal, una de sus encomiendas últimas.
Este libro se llama Acepto los términos, y pueden descargarlo de forma gratuita.
A lo largo del texto, hace hincapié en la forma en que renunciamos a elegir, cuando ingresamos a alguna plataforma y aceptamos los términos que se nos imponen. Creemos en la bondad de quien está recopilando nuestra información. Creemos que no hay ningún costo por entrar a la sección gratuita de las plataformas que elegimos. Es más, muchas de las personas que tienen un smartphone, no saben si sus datos están siendo recopilados, ni por quién....no saben decir a ciencia cierta qué es la nube.
¿Se han detenido a revisar?
Revisemos algunos de los distintos accesos que nos solicitan cuando instalamos una app (no siempre piden todos estos accesos, sino algunos):
1. Damos permiso al uso de nuestra cámara en el celular o en la computadora
2. Damos permiso al audio en el celular y la computadora.
3. Damos permiso a que registren nuestra ubicación en tiempo real.
4. Damos permiso que ingresen a nuestras plataformas de contenidos, como Drive, OneDrive, etc., y revisen, modifiquen y extraigan cualquier contenido que allí encuentren.
5. Damos permiso a que ingresen a todos estos sitios, aún cuando no estemos en línea.
6. Damos permiso a que trabajen en segundo plano (es decir, que nosotros no vemos que alguien está usando nuestros datos con nuestros dispositivos operando y sin que lo notemos. Es más se comen parte de nuestro plan de datos de nuestro celular, y nosotros ni enterados. Eso sí, al final del mes misteriosamente estamos sin datos.)
Yo no concuerdo del todo con Cristóbal en el sentido de que elegimos no elegir. Ese hecho, daría cuenta de que al menos nos detuvimos un instante a sopesar la elección y que en la disyuntiva de no aceptar, o de tener que leer entero un documento legal que es ininteligible para el promedio de un ciudadano, preferimos confiar en que al menos alguna autoridad está supervisando y que alguien protege de los malos usos que se puedan realizar. Debo decepcionaros, el común de las personas no llegan ni siquiera a este nivel de profundidad, simplemente aceptan que otros elijan por uno, guiados por la indolencia de tener que leer algo más allá del título de Candy Crush, o porque si no aceptan, simplemente no pueden instalar la app. No elegimos no elegir, aceptamos que otros elijan por nosotros.
Otra razón, es que mucha gente siente que no tiene nada que ocultar o que le resulte interesante a un hacker. Sin embargo, Nuestros datos significan dinero para las grandes compañías. Si no fuera así, ¿de qué vivirían? Uber no tiene taxis, vive de la información que intercambia entre conductores a los que eufemísticamente llama socios, para no tener que correr con las responsabilidades de que sean sus empleados. Lo mismo sucede con Facebook, Linkedin, Twitter, Google, Microsoft, airbnb, etc. Todos viven de datos que recopilan y comercializan. Y no es que eso esté mal, es su modelo de negocios. Probablemente lo que debemos proteger son datos que nos extraen sin que seamos realmente conscientes de ello y para fines no suficientemente claros.
La inteligencia artificial
¿Se han percatado de que si un día ustedes incidentalmente mencionan que les gusta un hotel, o un restaurante y cuando están en su página de Facebook les aparece un anuncio de ese hotel o restaurante? Cuando a mí me ha sucedido no me queda claro si el audio de mi teléfono está recopilando información. ¿Todavía no les da miedo? Estamos ante herramientas increíblemente poderosas, que son intuitivas y van aprendiendo de nosotros, a través de nuestros hábitos; que utilizan algoritmos suficientes para conocernos al detalle y pueden predecir conductas de nosotros, que ni siquiera teníamos idea de que eso fuera posible.
Para abundar en este tema, les recomiendo vean en Netflix The great hack, donde sacan a la luz lo que la consultora británica Cambridge Analytica y Facebook, desarrollaron para impulsar la campaña de Donald Trump para las elecciones presidenciales antepasadas en Estados Unidos y para la campaña de Brexit en Gran Bretaña. Recuerdo, entre otras cuestiones espeluznantes que describen en este documental, cómo de cada elector de Estados Unidos (Republicano o Demócrata), tenían 5,000 datos diferentes. No sé ustedes, si yo dividiera todos los datos que sé de mi mismo, quizás me quedaría más corto. Obviamente, estos mismos personajes han operado en nuestros países y saben de ti hasta cosas íntimas.
¿Qué hacer?
Cristóbal Cobo señala algunas ideas de lo que debemos de hacer para protegernos como ciudadanos. Sin embargo, en todas ellas, requerimos generar conciencia de lo que está sucediendo, requerimos educación. Debemos exigir a nuestros gobiernos que protejan nuestros datos y nos protejan a nosotros. A algunos no les ha gustado, pero el hecho de que el gobierno mexicano imponga impuestos a quienes venden servicios desde plataformas que no están en nuestro país, es un primer paso en la dirección correcta. Pero requerimos además. que nuestras leyes velen por las condiciones que nos imponen cuando ponen el letrerito "términos y condiciones"
Educación, ¿la respuesta?
Para variar sí, ¿pero cómo? Veamos nuestra realidad, quienes hayan tenido la oportunidad de viajar a un país desarrollado, ¿han notado en el aeropuerto lo que hace la gente mientras espera el vuelo?...lee...En ese mismo aeropuerto si ven a un mexicano, es probable que lo vean jugando "candy crush" o viendo contenidos de baja calidad. Allí es donde me queda claro que la educación es la solución, pero es un camino muy difícil y que hemos reprobado consistentemente. Cuando yo era niño veía a Chabelo, al Chavo del 8 y en general, contenidos sin valor educativo. Hoy en día, los niños ven a "influencers" en plataformas como Tik Tok, entre otras, de tan mala o peor calidad que los programas que veía yo, y cuando se percata uno de esto, parece que la pelea está perdida. Yo no me imagino a la gente dejando de usar el celular y las cosas extraordinarias que estas también aportan, pero mientras el germen de la superficialidad esté presente y la educación ausente, estamos en gran riesgo.
Estemos alertas, seamos críticos y abonemos por un país de productores de contenidos y no simplemente de consumidores.
Exijamos un mejor sistema educativo. No hay otra salida.
Lean "Acepto los términos", de Cristóbal Cobo. Es una lectura obligada y trascendental.

Por ahí leí que la red nos conoce incluso mejor que nuestra pareja sentimental... y cómo dices tu, en muchos casos que hasta nosotros mismos. Será pronto mejor terapeuta que el mismísimo Freud... ¡De terror!
ResponderBorrarMe arrojo a la lectura que recomiendas este mismo fin... ¡Abrazo querido Luis!
Te deseo una buena lectura. Y como siempre, te mando un abrazo afectuoso.
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